viernes, 4 de julio de 2008

Los Cristos de Juan Carlos Iramain

LOS CRISTOS DE SAN JAVIER Y LA CALDERA CONSTITUIAN PARA IRAMAIN UNA PARTE DE SUS AMBICIONES DE ESTATUARIO MONUMENTAL PROYECTANDO, EN EL SILENCIO DE SU TALLER, NUEVAS OBRAS QUE INCLUIAN A SUS PROYECTOSESCULTORICOS INSERTOS EN LAS MONTAÑAS.


1952 – EL CRISTO DE SALTA

La inquietud creadora de Iramain lo llevo a la elaboración de un Cristo para la provincia de Salta de similares dimensiones al Cristo Bendicente del Cerro San Javier.
El proyecto inicial ubicaba al Cristo en la cima del cerro San Bernardo qe marca la entrada a la capital.
Comenzó el trabajo en Tucumán, con un contrato y 300000 pesos, que el considero el trabajo mas largo de su vida, en la Intendencia Regional de Guerra, cuyos tinglados habían sido habilitados al efecto. Hizo estudios, maquetas, planos y cálculos antes de empezar. Primero realizó la cabeza con parte del cuello y hombros; los otros tramos los ejecutó con plantillas.
Con la colaboración de otros escultores de la provincia, fueron tomando cuerpo los cuatro fragmentos de casi seis metros de altura cada uno qe insumieron 70 toneladas de yeso dejando ver la imagen de Cristo de líneas utilizadas con los dos brazos entrecruzados adelante.
Modeló al Cristo salteño con sobriedad de formas, despojado de todo juego lumínico o composición arrítmica, estructurando una imagen ascética para su serena contemplación en el marco de un amplia perspectiva otorgada por el Valle de La Caldera.


1950 – EINSTEIN Y BATISTA

El periplo artístico de los Iramain que se extendió a los Salones de las Américas (Washington) con la presentación, entre otros bustos, de El minero de Puesto Galeno (Catamarca), a las universidades de Athens (Ohio), Kansas, Laredo, Florida, exhibiendo en esta ciudad el busto del matemático Albert Einstein y, en Nueva York el de Ernst Dohnayis; además, se presentaron en los centros Cultural Hispano Americano y Centroamericano de Filadelfia, en la residencia del gobernador de Florida, en la Tucker Gallery (Miami), Residentes Húngaros y City Gallery (en California y Nueva Orleans).
La gira tuvo éxito material en la entrega de Iramain de una plaqueta de plata por las damas de Tallahassee, un anillo distintivo de la marina norteamericana entregado por el general Mac Arthur, la adquisición de esculturas por museos estadounidenses y una exposición volante con obras que el presidente de la Junta de Notables de la ciudad de Florida, padre Génova, llevó por varios estados, éxitos registrados por la prensa porteña.
Después de un año de actuación en Estados Unidos (1949-1950), el matrimonio Iramain se embarcó en el buque carguero “El Naviero” haciendo escalas en
Cuba; en la Habana Iramain realizó el busto de Fulgencio Batista, expuso obras en el Ateneo Cienfuegos, para extender el viaje a Curaçao, Río de Janeiro, Santos y Montevideo con exposiciones y conferencias, una de ellas en la universidad oriental por Iramain.
En su retorno a la patria, Iramain recibió felicitaciones por su labor artística desarrollada en Centro y Norte América, siendo recibido por la señora Eva Duarte de Perón en su despacho de la secretaria de Trabajo y Previsión, en tanto la prensa le dedicó notas.
Sin procurarse descanso Iramain reanudó el contacto con el ambiente artístico local participando en sus salones con yesos, bronces y fibrocementos de expresión telúrica. En 1950 obtenía el 2º Premio en el Salón del Norte Argentino y, el Premio Adquisición “Ministerio de Obras Públicas del Salón Nacional”; en 1951 enviaba a la Bienal Hispano Americana de España y en 1952 a la muestra “La Pintura y la Escultura Argentina de este siglo” realizada en Buenos Aires; en 1953 recibía el Premio Adquisición “Ministerio de Defensa Nacional” del Salón Nacional, enviando a la Bienal Hispanoamericana de Cuba, en tanto la Universidad de Tucumán le auspiciaba una muestra, participando en 1954 de la Segunda Bienal de Cuba en carácter de invitado.


VIAJERO Y AVENTURERO


Pero, hablamos también de Juan Carlos Iramain viajero y aventurero, descubridor de misteriosas vetas carboníferas en las soledades sólo por él exploradas a 4800 metros sobre el nivel de la altiplanicie que limita Tucumán y Catamarca, animador de extraños rituales aborígenes, delicado silbador del sicuri (que ejecuta acompañándose sobre la mesa con los nudillos de los dedos y se apodera con intensa sugestión de atmósfera de quien lo escuche), intrépido y juvenil cliente de todas las casas de pensión y personaje de Córdoba y las “tenidas” de la República de la Boca.
Juan Carlos Iramain dio, pues, el salto hacia los Estados Unidos y ha triunfado. No fue primeramente a ganar la City Block que alumbra la Estatua de la Libertad y donde la conquista es más fácil; prefirió Florida que permanece pura en su sensibilidad de expresiones vírgenes y profundas y donde el encanto y el ingenio del auténtico norteamericano no ha sido desvirtuado por el tumultuoso crecimiento de las actividades materiales.

1 comentario:

argel dijo...

hola...felicitaciones por esta publicacion....no se como llegue aca..pero me alegra tanto que siendo tan chicas puedan rescatar el valor de este artista de nuestro medio....tambien como escultor(en progreso) me es fascinante la obra de juan carlos iramain... y felicito a ustedes por el esfuerzo y la dedicacion que se tomaron....gracias